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jueves, 3 de septiembre de 2015

“Los nadies” - (Tomado de El libro de los abrazos (1989) Siglo Veintiuno de España Editores S.A)

Autor: Eduardo Galeano


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen,
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

3 de setiembre de 1940: nace Eduardo Galeano

“Uno escribe a partir de la necesidad de comunicación y de comunicación con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría […]
Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil sólo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquistar la identidad[...]
“Creo en mi oficio, creo en mi instrumento...La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es el cuchillo.
Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación...” (1)


 Eduardo Germán Hughes  Galeano nació en Montevideo el 3 de setiembre de  1940.   Comenzó a incursionar en los medios periodísticos a los catorce años, como dibujante, en el semanario socialista de Montevideo, bajo el seudónimo “Gius” ( que se corresponde con la pronunciación castellana de su primer apellido).   Hasta los dieciocho años  alternó los dibujos con algunas incursiones en el periodismo: crónicas de arte, y sindicales.  Fue además un “siete oficios”(2) desempeñándose como mensajero, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo y cajero de banco, entre otros.  Trabajó en “El Sol”,  en el semanario “Marcha” entre 1960 y 1964, donde se desempeñó como jefe de redacción,  y en el periódico “Época” (1964). Su labor periodística se destacó por la realización de reportajes de corte político. Entre estos se destacan   "China" (1964), "Crónica de un desafío" (1964), y  "Guatemala, un país ocupado" (1967). 
    En 1974, cuando sobrevino la dictadura en Uruguay, debió exiliarse en Argentina.  En el país hermano, fundó y dirigió la revista “Crisis” en la que trabajó junto al poeta Juan Gelman.  Más tarde, al suceder el golpe de estado en aquel país se exilió en España.
Luego de finalizada la dictadura, en 1985, regresó a Uruguay donde vive actualmente
    Publicó su primera novela, “Los días siguientes”, en 1963;  pero fue con  “Las venas abiertas de América Latina”, editada en 1971 por la Editorial Siglo XXI, con la que Galeano logró amplia difusión y ganó el reconocimiento internacional. Este ensayo, que fue escrito según su autor, en “tres meses, en noventa noches”(3), ha sido traducido  y editado en  diversos idiomas a lo largo del mundo. 
    Su vocación y ejercicio de la escritura estuvieron siempre vinculadas a su militancia política. Así lo expresa  Galeano en estas palabras:


Desde los 13 o 14 años yo empecé a trabajar y a militar por una doble necesidad. Por un lado, el desafío a una realidad en la cual yo no lograba reconocerme y que quería cambiar. Era una realidad que yo quería cambiar, no tanto desde el punto de vista de la miseria, porque en Uruguay en estos años no tenía miseria… pero era una sociedad incapaz de aventura, incapaz de intensidad, de una mediocridad repulsiva, ganada por el conformismo. Y por otro lado, era una necesidad íntima de sustitución de Dios. Más que una explicación del mundo, es una complicidad en el mundo, un reconocimiento en el otro. (4)

    Eduardo Galeano ha recibido numerosos reconocimientos por su obra y trayectoria, en América Latina y Europa, entre ellos,  el   Premio “Casa de las Américas” en dos ocasiones,   en 1975  y 1978 por las obras Días de noches de amor y de guerra  y La canción de nosotros; el Premio del Ministerio de Educación y Cultura  en  1986 por la trilogía Memorias del fuego  ̶ por la que también recibió el premio “American Book Award” ̶    otorgado por la Universidad de Washington. 

En sus “Apuntes para un auto-retrato” el autor de “Las venas abiertas de América Latina” afirma sobre sí mismo:


    Podría remontarme a mi infancia, muy católica,...o podría hablar de mis posteriores conflictos con las versiones dogmáticas del marxismo, que proclaman la Verdad Única y que divorcian al hombre de la naturaleza y a la razón de la emoción.  O podría contar que he jineteado diversas desventuras y que varias veces me ha volteado el caballo; que he conocido por dentro algunos engranajes del terror y que el exilio no ha sido siempre fácil. Podría celebrar que al cabo de mucha pena y mucha muerte siga manteniendo viva mi capacidad de asombro ante la maravilla y mi capacidad de indignación ante la infamia, y que continúe creyendo en la voz del poeta que me aconsejó que no tome en serio nada que no me haga reir.
    […] Podría decirse que detesto las óperas y los manteles de plástico y las computadoras, que soy incapaz de vivir lejos del mar, que escribo a mano y tacho casi todo, que me casé tres veces que... Pero tanto hablar de mí, me abure.  Me aburre: lo compruebo, lo confieso y lo celebro. (5)




vía: http://uruguayeduca.edu.uy

domingo, 30 de agosto de 2015

Desparecidos

Autor: Mario Benedetti



Están en algún sitio
concertados
desconcertados
sordos
buscándose
buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas
las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

Nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

Ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

Cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás
ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

Cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

Están en algún sitio
nube o tumba
están en algún sitio
estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio



lunes, 13 de julio de 2015

Amanda Berenguer, poetisa experimental

13 de julio de 2010: fallece  Amanda Berenguer, poetisa uruguaya. (n. 1921).


Amanda Berenguer nace el 24 de junio de 1921,  en Montevideo. Hija de Ángel Berenguer y de Amanda Bellan, es sobrina de José Pedro Bellan (1889-1930), dramaturgo, narrador y legislador del partido colorado de la época, y de Carlos Giucci (1904-1958), compositor que  formó parte de la Sociedad Folclórica del Uruguay, junto a Lauro Ayestarán y Eduardo Fabini, entre otros. Ambos  influirán  en la vocación artística de Amanda.

Con apenas 19 años, publica su primer poemario A través de los tiempos que llevan a la gran calma, y a los 20, Canto hermético.

Se casa a los 23 años con el profesor José Pedro Díaz, compañero de toda la vida y con quien tendrá un hijo: Álvaro. La pareja instala una imprenta en el garaje de su casa en la que editan los libros de sus amigos y sus propias obras con el sello La Galatea. Este emprendimiento, de gran influencia en la sociedad uruguaya de la época, durará hasta 1961. Durante la década del 50, conoce a prestigiosos escritores: José Bergamín, Pablo Neruda, Paul Eluard, Tristán Tzara, entre otros.

En el año 2006 fallece su esposo, quien fue un reconocido profesor de Literatura del IPA, ensayista, narrador y catedrático de Literatura Francesa en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República.

Amanda Berenguer muere en Montevideo, el 13 de julio de 2010, a los 89 años de edad.



Características de su poesía

Berenguer perteneció a la generación del 45 y fue pionera de la poesía experimental uruguaya [1]. 
Sostiene Carina Blixen: 

La poesía de Berenguer crece, madura, se multiplica en relación de reciprocidad con los “medios” (…) Ha sido una constante de su actitud estética buscar expresarse a través de formas no solamente lingüísticas. Desde el teatro, el audiovisual, el video, el disco o distintas formas de espectáculos integradores, ha generado “hechos estéticos”, surgidos en la exploración de la expresividad de la palabra, en interacción con otras esferas artísticas y en diálogo con distintos sistemas de comunicación (…) Los libros de Berenguer están pensados como una totalidad, como un proyecto que desborda la unidad del poema. Desde El río, cada poema es un momento o un territorio particular  de esa geografía global (…) piensa en su obra como un continuo que se transforma y evoluciona (…) no sólo cada libro representa una unidad, sino que la totalidad de esta obra múltiple está pensada en global metamorfosis.[2]

 
Rodríguez Monegal, citado por Blixen, dice a propósito de la obra de la poetisa:

 (…) ha empezado a asumir el mundo, el mundo entero con sus contradicciones y horrores, con sus bellezas y brutalidad, con su compromiso y su prosaísmo, en un verso que no  teme la entonación apocalíptica, que bordea a veces la alusión política más directa pero que es sobre todo un verso de busca y encuentro.

Por su parte, Milton Schinca, también citado por Blixen, plantea:

En ellos (los libros) asistimos a las etapas sucesivas de lo que llamaría una laboriosa asunción del mundo, por parte de una conciencia que en el comienzo (…) se encontraba como escindida de la realidad, enclaustrada en una suerte de recinto interior sin salidas, pero que luego se libera del confinamiento en un proceso peleado, dramático (…) que es de verificación y conquista graduales de la realidad (…) 



Poema La Invitación
de Amanda Berenguer



Un adónde de sombra, un pozo vivo
graznando como un pájaro violento,
a veces me aparece a la hora incierta,
al alba fría, espantadora de otras
criaturas, y me empuja de nuevo.

Porque yo estoy demás entre los seres
que usan la alborada, estoy de sobra,
triste junto a la mesa recién puesta
de la resurrección. Ah! no podría
a mi antojo domesticar la angustia,
hasta hacerle sangrar la alternativa
de una estrella brillando sobre el día.
Acaso voy entre soñada y muerta,
arrastrando una historia donde tiembla
la cabeza muriente de la luna,
pero llevo el anillo, esa corona
del otro reino, para no olvidarme.


jueves, 25 de junio de 2015

La Fundación Felisberto Hernández presenta dos libros digitales


La Fundación Felisberto Hernández rendirá un homenaje a uno de los más grandes escritores uruguayos, presentando dos libros digitales. La cita es este viernes 26 de junio en el centro cultural Vissi D’ Arte.


La Fundación Felisberto Hernández, invita a homenajear y celebrar la obra de este ya clásico autor uruguayo, a través de la presentación de dos libros digitales. Esta celebración será el viernes 26 de junio en el centro cultural Vissi D’ Arte.
Los libros que serán presentados en formato ebook son libros de cuentos de Ediciones Outsider: “El Conde de la Basura” de Jorge Churio y “Lo más lindo que hay” de Pablo Silva Olazábal.
La presentación estará a cargo de Walter Diconca, Presidente de Fundación Felisberto Hernández.
Como cierre, se presentará la performance “Felisberteana” a cargo de Fabiana Melegatti y Laura Díaz.
La cita es en el Centro Cultural Vissi D’Arte (Rodó 1837 esq. Frugoni) a las 20:30 h.

Fesliberto Hernández

Felisberto Hernández nació en Montevideo el 20 de octubre de 1902 y falleció el 13 de enero de 1964. Fue un compositor, pianista y escritor. En sus obras se respira lo fantástico camuflado en situaciones reales, con personajes entrañables, que recrean las atmósferas de su infancia y juventud. Sus obras han sido traducidas, tardíamente, a varios idiomas: alemán, francés, inglés, italiano, griego y portugués.
Entre sus libros, destacan:
Fulano de Tal (1925)
Libro sin tapas (1929)
La cara de Ana (1930)
La envenenada (1931)
Por los tiempos de Clemente Colling (1942)
El caballo perdido (1943)
Nadie encendía las lámparas (1947)
Las hortensias (aparecida por primera vez en la revista uruguaya Escritura en 1949).
Explicación falsa de mis cuentos («manifiesto estético», aparecido en la revista La Licorne en 1955).
La casa inundada (1960)
El cocodrilo (1962)
Tierras de la memoria (inconclusa, 1964)


domingo, 24 de mayo de 2015

UNA CHARLA CON LA POETA IDA VITALE, LA GANADORA DEL PREMIO REINA SOFÍA

Una llamada despertó este martes a Ida Vitale a la 6 de la mañana, hora de Austin. Acababa de ganar el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso de su género y dotado con 42.100 euros. La verdad es que "despertar" es mucho decir, porque la poeta uruguaya, de 91 años, acababa "casi" de irse a la cama.


EL PAÍS, ESPAÑA - J. RODRÍGUEZ MARCOSdom may 24 2015
Lo contó horas después por teléfono a este periódico: "Trabajo de noche y, además, me cuesta horas dormirme. Estaba en el limbo". Al principio pensó que era un despistado confundido con el premio Alfonso Reyes que le concedieron hace unas semanas en México. También pensó que era un amigo bromista. "Sé que mi nombre rueda hace años entre los candidatos. Ya se había convertido en una travesura española", dijo respecto al galardón, que convocan Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca.
Nacida en Montevideo en noviembre de 1923, Ida Vitale vive en Estados Unidos desde 1989. Allí se instaló como profesora de literatura tras pasar 12 años en México, un lugar que considera su país de adopción desde que recalara allí en 1974 huyendo de la dictadura. "No necesito más que una biblioteca y un aeropuerto para sentirme en casa", afirma. El otoño pasado estuvo en Madrid para formar parte del jurado del premio Loewe. El próximo otoño volverá para recoger el Reina Sofía. "Si la vida lo permite", matiza entre risas. "A mí no me pesa, pero a muchos les debe parecer la mía una edad límite", dice sobre la reciente acumulación de galardones.
Pese a las mudanzas que han marcado su vida, la poesía de Vitale se ha mantenido al margen de toda anécdota biográfica. Desde que se estrenó en 1949 con La luz de esta memoria, sus versos han buscado la esencia, rozando el hermetismo pero sin perderse en abstracciones retóricas. "Expectantes palabras, / fabulosas en sí, / promesas de sentidos posibles, / airosas, / aéreas, / airadas, / ariadnas. // Un breve error / las vuelve ornamentales. / Su indescriptible exactitud / nos borra", dice uno de sus poemas. No es casual que el libro que la dio a conocer tardíamente en España se titule Reducción del infinito (2002). Más de una vez ha resumido en un verbo su método de trabajo: "Borrar".
Libros como Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Parvo reino (1984) o Procura de lo imposible (1998) la han consagrado como una de los grandes nombres de la literatura latinoamericana contemporánea, pero ella duda de la existencia de algo parecido a una comunidad literaria iberoamericana: "No existe. La información aumenta pero es más superficial, apariencia de información. Se lee menos. Además, los nacionalismos han hecho que volvamos a estar aislados. Las relaciones de los países dependen de los intereses económicos, no de la cultura. Los warholianos 15 minutos de fama de este premio terminan pronto".

Feminismo uruguayo.

Ella, con todo, es una mezcla de mundos. Siguiendo la línea que lleva del barroco español al modernismo americano pasando por el simbolismo francés, hace tiempo que su obra desbordó el marco de la Generación uruguaya del 45, la de autores tan distintos como Mario Benedetti e Idea Vilariño. Junto a la influencia de dos de sus compatriotas —María Eugenia Vaz Ferreira y Delmira Agustini—, Vitale no pierde ocasión de reconocer el magisterio de Juan Ramón Jiménez y José Bergamín. Al primero lo trató cuando pasó por Montevideo. Del segundo fue alumna devota.
da Vitale se suma a un palmarés en el que figuran autores como Antonio Gamoneda, Caballero Bonald, Juan Gelman, Nicanor Parra —todos ellos laureados luego con el Cervantes—, Ernesto Cardenal, Fina García Marruz, Nuno Júdice o María Victoria Atencia, galardonada el año pasado. La uruguaya es la quinta mujer en 23 años. "Debería ser más parejo", apunta ella. "Las mujeres no han tenido tiempo para la grilla, como dicen en México, para la difusión de su obra. Ni voluntad. Yo me crié rodeada de tías que eran, diríamos hoy, intelectuales. Mi tía Ida, de la que heredé el nombre, era botánica. Mi marido dice que creo que en el Uruguay no había machismo porque en mi casa no lo había".

http://www.elpais.com.uy/

sábado, 9 de mayo de 2015

Eduardo Galeano: los inmoribles

Artículo de: Stella Calloni
Escritora y periodista argentina. Corresponsal del diario La Jornada y autora de “Los años del Cóndor”.

Publicado con fecha: 14 de abril de 2015 //http://www.lr21.com.uy/


Cuando un día en Montevideo me regaló su libro Las palabras andantes, editado –como todos en su primera edición en la editorial El Chanchito, que creó en su país–, sentí y se lo dije que era un trabajo embarazado de magias. En un párrafo de ese libro leemos la más acabada definición que uno podría hacer de él mismo: “Por favor, se lo ruego, no me ofenda usted preguntando si esta historia ocurrió. Yo se la estoy ofreciendo para que usted haga que ocurra. No le pido que describa la lluvia aquella noche de la visitación del arcángel: le exijo que se moje. Decídase señor escritor, y por una vez al menos sea usted la flor que huele en vez de ser el cronista que aroma. Poca gracia tiene escribir lo que se vive. El desafío está en vivir lo que se escribe”.
Galeano había aceptado largamente ese desafío y por esa razón era posible entrar con él en todos los laberintos de este continente nuestro y mojarnos con las lluvias y temblar en los huracanes, y bailar cuando la realidad circundante quería instalarnos la cultura de la muerte. Y podíamos hablar de los temas más candentes que nos rodean, y en cómo millones de seres ignorados resisten simplemente por “magias sueltas de la vida”.
Los temas que eligió son variados y los leemos como quien bebe un agua fresca que sale de una cascada en medio de la selva. Los leemos con sed, porque como el agua nos calma y curiosamente nos abriga. Era conmovedora la ternura que aparecía en su mirada cuando hablaba de los países de América Latina, de Bolivia, de Guatemala, de Nicaragua, donde en otros momentos compartimos un viaje inolvidable a la Costa Atlántica en que sucedieron una infinidad de situaciones que superaban toda ficción o cuando pudo “mirar viendo” la realidad de lo que significaba el presidente Hugo Chávez para su país y la decepción que lo golpeó al ver viejos amigos socialistas que en su momento fueron figuras políticas de la izquierda venezolana, llegando a una cita en un hotel de Caracas, en lujosos carros de los grandes empresarios a los que defendían. Algo incomprensible para un escritor como Galeano que además –y fui testigo de esto– se los dijo abiertamente.
En una de las varias entrevistas que pude hacerle en el periodo del aparente “esplendor” neoliberal y de la globalización en nuestro continente, advertía que nunca el mundo había sido tan desigual. “Es una paradoja terrible que retrata el fin del siglo (XX) de no muy amable manera, donde se nos obliga a pensar todos iguales, a vestir todos iguales, a comer las mismas cosas. Incluso se ha ocupado el lugar de las comidas locales. Yo creo que hay que estar a favor de la autodeterminación en las comidas, como en todo, porque las comidas locales son una de las energías culturales más poderosas que los países contienen (…) nunca los pobres fueron tan pobres y nunca los naúfragos quedaron tan abandonados. Nunca habíamos visto esta homogeneización atroz que tiene por protagonista principal a la televisión. La gran uniformadora de costumbres es la televisión que nos lleva a no pensar con nuestra propia cabeza, a no sentir y nos hace incapaces de caminar con nuestras propias piernas. No estoy confundiendo el cuchillo con el asesino, la televisión es un instrumento, pero, tal como funciona y al servicio de quien funciona, cumple ese papel”.
Tan transparente era en su escritura como cuando hablaba ante públicos diversos condenando la hipocresía que era “establecer la uniformidad en nombre de la diversidad”. Y en ese mismo contexto señalaba que en nombre de la lucha contra el dogmatismo se instalaba la paradoja de imponer el peor de los dogmatismos, que es el dogmatismo de mercado. “Ahora hay como una onda universal de lucha contra los fundamentalismos con la que se justifican los gastos en armamentos, cuando se han quedado sin enemigos… Ya no hay enemigo a la vista y se fabrican nuevos: el más poderoso es el fundamentalismo islámico, pero no dicen que, aún más poderoso, es el fundamentalismo de los tecnócratas del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, que imponen una receta económica obligatoria a los países del sur, dentro de los límites estrechísimos de lo que es la idolatría del mercado. Una concepción de la economía y de la vida que coloca a las mercancías por encima de las personas, confunde calidad de vida con cantidad de cosas y niega todos los valores a lo que no tiene precio, en un mundo donde –al decir del poeta Machado– cualquier necio confunde valor y precio”.
Sobre los aspectos perversos de un sistema que como él mismo analizaba “asalta y roba las palabras” pensaba que todo esto lleva a valorar el sentido que tiene la aventura de escribir, “devolver a las palabras el sentido que han perdido, manipuladas como están por un sistema que las usa para negarlas. Hay una lección que el mundo ignora y que nos han dado a todos, los indios guaraníes a la hora en que crearon su lenguaje. En su idioma guaraní, palabra y alma se dicen igual. Hay una voz “ñ’e”, donde dicen que palabra y alma son lo mismo. Y en este sistema des-almado que ha logrado la casi unanimidad universal en nombre de la lucha contra el materialismo –que es el más materialista de los sistemas que la humanidad haya conocido– la palabra ha estado y sigue estando manipulada con propósitos comerciales o de engaño político. Su uso y abuso traiciona al alma. O sea, que esta identidad entre la palabra y el alma se rompe todos los días, sufre traiciones”.
Galeano siempre tenía respuestas y aunque su libro Las venas abiertas de América Latina era el más conocido en el mundo, admitía que cada escritor escribe en realidad un solo libro y lo va cambiando, renovando, “reviviendo” al mismo tiempo “que la vida vive y el escritor continúa escribiendo”. Le pregunté precisamente qué era para él Las palabras andantes, un libro de una textura tan poética.
“Yo creo que ese libro es un disparate que proviene de la imaginación colectiva. Muchos de los relatos los recogí en los caminos que anduve por América, y otros son producto de la imaginación. Pero tanto en un caso como en el otro, yo creo que lo que el libro expresa es una porfiada fe del autor en un hecho humano fundamental, que es el derecho de soñar y que no está en la Carta de las Naciones Unidas de 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hay tantos derechos, pero entre ellos no figura el derecho de soñar, que es un derecho fundamental, sin el cual la pobre esperanza se moriría de hambre. Si el sueño no nos permitiera anticipar un mundo diferente, si la fantasía no hiciera posible esta capacidad un poco milagrosa que el bicho humano tiene de clavar los ojos más allá de la infamia, ¿qué podríamos creer?, ¿qué podríamos esperar?, ¿qué podríamos amar? Porque, en el fondo, uno ama al mundo a partir de la certeza de que este mundo, triste mundo convertido a veces en campo de concentración, contiene otro mundo posible. Ese mundo posible que hoy estamos viendo asomar” en América Latina.
Tomo sus palabras andantes: “Siento que somos gotas de alguno de los tantos ríos que sobreviven a la constante destrucción de la mano del hombre, que insiste en destruir el paraíso donde puede vivir. Somos como un viento que no muere cuando la vida se acaba. Y por eso no creo en otra inmortalidad más que esa, porque estoy seguro que uno sobrevive en la memoria



viernes, 1 de mayo de 2015

1º de Mayo: ¡Feliz Día de los trabajadores!

Eduardo Galeano
Escritor uruguayo


Les espera la horca. Eran cinco, pero Lingg madrugó a la muerte haciendo estallar entre sus dientes una cápsula de dinamita. Fischer se viste sin prisa, tarareando “La Marsellesa”. Parsons, el agitador que empleaba la palabra como látigo o cuchillo, aprieta las manos de sus compañeros antes de que los guardias se las aten a la espalda. Engel, famoso por la puntería, pide vino de Oporto y hace reír a todos con un chiste. Spies, que tanto ha escrito pintando a la anarquía como la entrada en la vida, se prepara, en silencio, para entrar en la muerte.

La desmemoria

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.
Al llegar al barrio de Heymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.
-Ha de ser por aquí- me dicen. Pero nadie sabe.
Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago.
Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.
El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera.
Ese día la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.
Tras la inútil exploración de Heymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura curiosidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.
El cartel reproduce un proverbio del Africa: hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
Feliz Día de los Trabajadores. ¡Feliz Primero de Mayo para todos!

jueves, 23 de abril de 2015

Homenaje póstumo a Eduardo Galeano en Cuba


Intelectuales y artistas latinoamericanos, como el cantautor Silvio Rodríguez, dedicaron un homenaje póstumo a Eduardo Galeano (1940-2015) en la institución cultural cubana "Casa de las Américas", donde resaltaron su legado y presencia en la isla.
El presidente de la "Casa de las Américas", el poeta Roberto Fernández Retamar, dijo que Galeano es uno de los "grandes orgullos" de esa institución a la que estuvo muy vinculado desde la década de los años sesenta hasta su muerte.

"Aquí obtuvo muchos premios, aquí llenaba esta sala cuando leía sus textos, la última vez hace dos años, por desgracia no está con nosotros pero no es un lugar común, no es retórica decir que lo sentimos siempre con nosotros", añadió Fernández Retamar y recalcó que se necesitará mucho su "extraordinaria presencia".

El cantautor cubano Silvio Rodríguez, uno de los invitados a la cita para recordar a Galeano, señaló que el autor de "Las venas abiertas de América Latina" y "Memorias del fuego", era alguien que tenía "el don" de la palabra escrita y también de "la improvisada".

Rememoró que Galeano disfrutaba mucho "sentarse en una mesa con amigos, cenar, beber un poco de vino, compartir anécdotas, cuentos" y que él le dio "por la vena del gusto" cada vez que pudo para enterarlo de lo último que había en la canción en Cuba.

"Le gustaba estar al tanto de que es lo que estaba surgiendo, lo que decían los jóvenes, cuál era la actitud ante la vida, cómo veían las nuevas generaciones la realidad nuestra, se nutría mucho de todas esas cosas", contó el trovador cubano.

Rodríguez mencionó las "veladas" en las que Galeano participó junto cantautores de la isla como el fallecido Santiago Feliú y Carlos Varela, y consideró que "modestamente" contribuyó a servir al escritor de "introductor" en esta especialidad de la canción que "es a lo que me he dedicado".

Pero confesó que ante un hecho "tan indefinible" como la muerte le resulta difícil la idea de no volver a escuchar la voz del intelectual uruguayo.

Por su parte, el escritor Eduardo Heras León, Premio Nacional de Literatura 2014, dijo queeste homenaje es el resultado de una hermandad que duró 45 años.

Heras León hizo memoria desde su primer encuentro con Eduardo Galeano en 1970, de sus intercambios de mensajes, los paseos que realizó por las calles y librerías de La Habana con aquel "extraordinario ser humano" y dijo que fue "un privilegio" haber conocido a ese amigo.

Durante el acto se proyectaron vídeos de conferencias de Galeano en la "Casa", se leyeron mensajes enviados por intelectuales de otros países latinoamericanos que se sumaron al homenaje como el cantante y compositor Daniel Viglietti y el escritor venezolano Luis Britto, y también se escucharon las palabras del periodista uruguayo Fernando Ravsberg, residente en la isla.

Eduardo Galeano visitó Cuba por última vez en enero de 2012 cuando asistió como invitado especial del Premio Literario Casa de las Américas y fue el encargado de inaugurar las jornadas de actividades del certamen literario, donde realizó una lectura pública de textos de sus libro "Espejos" y "Los hijos de los días". EFE



lunes, 13 de abril de 2015

"El Libro de los Abrazos" (Fragmento)

Autor: Eduardo Galeano



 

" Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende. "

Fallece "nuestro" Eduardo Galeano

AUTORA: Sonia Otero Farías | Columnista de Cultura

Artìculo publicado en La Posta.com.uy



Hoy, en las primeras horas de la mañana recibimos acongojados la tristísima noticia: después de una internación en el CASMU desde el viernes pasado, aquejado de cáncer pulmonar, fallece nuestro Eduardo Galeano.

Pasada la primera impresión, reflexionamos acerca de lo que significó para nosotros y acerca de lo que significó para el mundo. Y realmente sentimos la diferencia.
Para el mundo es el gran Eduardo Galeano, el autor de muchas obras pero fundamentalmente de “Las venas abiertas de América Latina” traducida a más de 20 idiomas y con más de 30 ediciones, ese libro polémico pero innegable, que surgió allá por el 71 y que analizó la explota-ción del continente sudamericano desde la época de la conquista, y práctica-mente hasta nuestros días. Y esto es muy importante, nadie podría negarlo.
Pero para nosotros, docentes de alma y narradores orales, es otra cosa mucho más entrañable: Él es “nuestro Eduardo”, aquel que nos acompañó con sus cálidas creaciones desde nuestra lejana época de Adscripta, o de Directora que no se separó nunca de sus alumnos y que llegó a teatralizar con grupos de 40 y pico de alumnos de los “díficiles” de algún 1er año, “El pequeño rey zaparrastroso” un pequeño relato de “Vagamundos”, aquel librito violeta que trajimos oculto entre nuestras ropas de Buenos Aires, en la década del 70 y en medio de nuestra dictadura, porque estaba prohibido. Hermosos, lejanos y entrañables recuerdos sin duda. Y más acá, el autor al que recurríamos siempre para nuestros espectáculos de narración, porque “siempre tiene esos cuentos que atraen y dejan prendido a los oyentes”.
Pero esto es quizá demasiado personal y esto tiene que ser para todos así que veamos algo más general:
“Eduardo Germán María Hughes Galeano, conocido como Eduardo Galeano”, como dice la conocida Wikipedia, nació el 3 de setiembre de 1940 en Montevideo.
Fue periodista, y caricaturista desde adolescente, ya que a los 14 años vendió su 1era caricatura política al diario socialista El sol. Como caricaturista usó el nombre de Gius, deformación de su apellido.
Como periodista, ya a los 20 años era Secretario de la redacción de Marcha y se mantuvo allí entre 1961 y 1964. Entre 194 y 1966 dirigió el diario Época y entre el 64 y el 73 dirigió publicaciones de la Universidad de la república.
En el 73 lo tenemos ya exiliado en Bs Aires, después de haber sido encarcelado y obligado a abandonar el país. Allí funda y dirige la revista Crisis.
En el 76 la dictadura argentina lo obliga a marcharse a España de donde vuelve en 1985 y funda Brecha, de la que continúo hasta ahora siendo ascesosr.
Estuvo becado en París y siempre se cuenta que ahí supo que Perón quería conocer a “ese muchacho”.
Fue un gran referente para toda la iquierda latinoame-ricana, durante 1987 y 89 integró en nuestro país la Comisión Nacional Pro Referendum para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los críme-nes cometidos durante la dictadura militar.
Con respecto a su Libro “Las venas abiertas de América Latina hay que señalar que fue el obsequio que el Presidente Chávez hiciera a Obama.Presidente de E.E.U.U.
Sin embargo el propio Galeano declaró en la II Bienal del Libro y la lectura de Brasilia que si bien no se arrepintió de haberlo escrito, eso ya forma parte de una etapa “ya supera- da” pues en esa época “no tenía la formación necesaria”.
Esta foto que publicamos aquí pertenece a la última aparición pública del escritor cuando recibió en su casa al Presidente de Bolivia Evo Morales, cuando apoyara la salida al mar de dicho país.





jueves, 22 de enero de 2015

Ida Vitale: “Antes los poetas hablaban de Hércules; ahora, de Batman”


La escritora uruguaya recuerda las enseñanzas de su maestro, José Bergamín, habla de su obsesión por corregir y afirma que la poesía ha cambiado de referentes culturales

 22 ENE 2015 - 00:03 CET

Ida Vitale  es, con 91 años, una de las grandes maestras de la literatura latinoamericana viva, pero disfruta, más que hablando de su obra, recordando a aquellos que, ilustres o anónimos, le enseñaron a leer y escribir. Entre los anónimos había, en el Montevideo de su infancia, una profesora que le hacía imitar el estilo de Azorín, de Gabriel Miró, de Ortega o de Rafael Barrett: “Cada mes, un autor distinto. Era una buena práctica: te obligaba a mirar de modo diferente”. Entre los ilustres estaba José Bergamín, verso suelto de la Generación del 27. “Fue un excelente maestro”, cuenta. “No sé si acá se tiene la imagen del Bergamín profesor a tiempo completo. Sabía mucho de literatura española, pero también del romanticismo alemán. Era de los que decían: ‘Tienen que leer este libro’, y te lo regalaba. Perdió su biblioteca al marchar al exilio tras la guerra y había resuelto que la solución era el desinterés completo”. La autora deReducción del infinito (Tusquets) recuerda la soledad del escritor español en Uruguay hasta que llegaron sus hijos: “Decía que era el último orejón del tarro. No era muy halagador para nosotros, pero era verdad. Terminábamos cenando con él después de las clases. Era joven pero lo veíamos como un viejito”.
Su maestro en la poesía fue, sin embargo, un enemigo íntimo de Bergamín, Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció cuando pasó por Montevideo. Con él comparte la obsesión por corregir: “De Juan Ramón me impresionó que le dieran un libro para que lo firmara y se dedicara a corregir los poemas. Decía que un poema hay que escribirlo y guardarlo hasta que a uno se le olvide. Yo lo he seguido en la medida de lo posible”.
Ida Vitale se marchó a México en 1974 con su marido, el poeta Enrique Fierro. La dictadura militar empezó persiguiendo a los tupamaros y luego a todos los que parecieran remotamente izquierdistas: "Nosotros no estábamos en eso, pero andábamos entre libros, algo que siempre inquieta a los militares”. Adiós a un Uruguay que, según la poeta, fue durante décadas “la democracia perfecta”: laico, con una gran educación pública gratuita, sin grandes desigualdades sociales y sin nacionalismo alguno. “¿Qué nacionalismo iba a haber si éramos la mitad italianos y la mitad españoles?”.
Desde 1989 vive en Austin (Texas) aunque viaja con regularidad a su país, a México —“fueron muy generosos con nosotros”—, e incluso a España. En Madrid formó parte del jurado que concedió el últimoPremio Loewe al chileno Óscar Hahn. “Había libros tremendos de gente que uno nota que tiene en la poesía la última esperanza”, cuenta sobre su experiencia en un jurado por el que ya pasó su amigo Octavio Paz. “Uno busca lo literario, pero a veces se pone en el alma de quien escribió esos versos y empieza a pensar en el ser humano, no en el escritor. Al final hay que ponerse de nuevo en el frío cargo de lector desinteresado”. Otra de las conclusiones de esa experiencia es que los referentes de la poesía están cambiando: “Las alusiones mitológicas se han ido perdiendo. Antes los poetas hablaban de Hércules; ahora, de Batman. No digo que eso dé una poesía inferior, pero marca una orientación distinta, sobre todo por los mundos que arrastran y lo que uno y otro te permiten entender”.
Más intensa que extensa, su poesía es, sin embargo, escasa en referencias. Las palabras son nómadas y los malos poemas las vuelven sedentarias, dicen unos versos suyos. ¿Cómo reconocer ese cambio de estado? “Instintivamente. En la medida en que son nómadas las sujetamos o seguimos su movimiento natural. ¿Por qué hay palabras que nos gustan y otras que no? No sé. A mí me choca profundamente constatar. Sin embargo, procrastinar me gusta”. Traductora de autores como Gaston Bachelard, Simone de Beauvoir o Luigi Pirandello, Ida Vitale cuenta que traducir le ha enseñado a mantener la atención aunque “la traducción conspira contra la poesía porque es un trabajo muy absorbente”. La poeta uruguaya publicó Mella y criba (Pre-Textos) en 2010 y ya tiene un libro nuevo. “Uno no, varios, y eso es lo peor”, aclara riendo. La prosa le divierte —la suya ha dado lugar a maravillas como Léxico de afinidades (El Cobre) y De plantas y animales (Paidós)—, pero sabe que la extrema esencialidad de sus versos podría terminar por llevarla al silencio, “la reducción total”. Con todo, huye de la metafísica —“estas cosas, cuando se sintetizan, quedan dramáticas”— para meterse en la cocina de la escritura: “A veces me sale un poema largo, más hablado de lo necesario, pero mi tendencia natural es abreviar. Aunque admiro profundamente a los que se dejan llevar por esa locura ingobernable, cada uno nace no con un guion sino con una escuadra a mano, y la mía es borrar y borrar. Corregir es como arreglar cajones: sacas lo que está de más".


Cuestión de gustos

1. ¿En qué libro se quedaría a vivir? Las mil y una noches no estaría mal. Sin duda no laDivina comedia, aunque me la conozco muy bien, pero para vivir… Quizás en el Orlando furioso: tiene magia, viaje y paisaje.
2. ¿A qué escritor de todos los tiempos invitaría a cenar? A Borges. Lo hubiera querido tratar más.
3. ¿Cuál ha sido el mejor momento de su vida intelectual? Alguno de mi formación, esos momentos secretos en que uno logró entender algo.
4. ¿Qué encargo no aceptaría jamás?Dirigir un país.
5. ¿Qué libro no pudo terminar? En una época, muchos. Después resolví que tenía que terminarlos. Soy paciente no sé si por espíritu venenoso: para ver cómo se derrumba el libro cuando no me gusta.
6. ¿Qué está socialmente sobrevalorado?La comunicación, aunque decirle esto a un periodista… Me da la impresión de que la gente está dentro de casa y fuera del mundo.
7. ¿A quién daría el próximo Premio Cervantes? Ay, Dios…, ¡al mejor!